Las denuncias realizadas por la senadora Gina Parodi en el sentido de que las instituciones universitarias están siendo utilizadas para el adiestramiento de guerrilleros no son nuevas ni deben llamar a engaños, pues desde 1984 se conoce el plan de las Farc de forjar a sus militantes en los centros de pensamiento y de controversia.
Ahora los videos demuestran que en la Universidad Distrital de Bogotá se les da una cordial bienvenida a los estudiantes de primer semestre, invitándolos a pertenecer a los movimientos bolivarianos que en su momento ideó y organizó el hoy número uno de las Farc Alfonso Cano.
Muchos de quienes estudiamos en instituciones públicas sabemos que esa denuncia no es novedosa. En mis tiempos, en la década de los 80, la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, con sede en Tunja, era un centro de reclutamiento de militantes del M-19, las Farc y el ELN.
No sé si ahora lo sea. Pero fui testigo presencial de lo que la guerrilla hizo en esa universidad e incluso algunos de los que en esa época eran militantes o simpatizantes terminaron metidos en la docencia y creo que son hoy respetables profesores.
La Pedagógica de Tunja tenía fuerte vínculos con la Pedagógica de Bogotá y con la Universidad Nacional, pero eso no me autoriza a decir con absoluta certeza lo que hoy digo y afirmo de la universidad de Tunja.
Sin embargo, sospecho que no ha pasado nada diferente, pues es obvio que las manifestaciones que suelen paralizar la calle 72 en Bogotá no son hechas por angelitos desinteresados y preocupados por la situación del país.
Son hechas por unos pocos, por unos cuantos estudiantes ubicados en facultades clave, desde las cuales pueden propagar su ideología y detectar a desubicados y despistados dispuestos a prestarse para poner una bomba en un Transmilenio, como lo hizo una jovencita en episodios relativamente recientes y causaron una muerte y dos amputaciones.
No hay que olvidar que la rebeldía es patrimonio de la juventud. Y así debe ser. Los jóvenes nos deben dar ejemplo de protesta y de propuesta, de controversia de las ideas, de animosidad.
Pero de allí a pasar a la toma de las armas, a la elaboración de bombas como las que le quitaron la vida, en la Universidad Nacional, al policía Mauricio Soto (uno de esos robocops que se enfrentan con los manifestantes) y de quien ya nadie se acuerda. ¿Alguien recuerda que el policía Mauricio Soto murió como consecuencia de una papa-bomba que le cayó en la cabeza y lo derribó fulminantemente?
Nadie. Nadie recuerda a esos héroes anónimos que mueren enfrentando a delincuentes supuestamente idealistas, supuestamente bolivarianos.
Ahora bien: el problema no se circunscribe a las universidades públicas. Cuidado, las autoridades tienen un dossier muy bien documentado sobre presencia de guerrilla en universidades privadas.
Y no necesariamente estudiantes. También hay profesores, algunos de ellos muy conocidos, estudiados en París y todo eso, pero que repiten con exactitud el discurso de las FARC, el viejo discurso de la lucha de clases y la combinación de todas las formas de lucha.
No hay que ser hipócritas. En muchas universidades se forjan los milicianos de las FARC, un puñado por cada institución, pero capaces de causar un daño monumental. No hay que tenerle miedo a ese debate.Las FARC y las universidades.
Las denuncias realizadas por la senadora Gina Parodi en el sentido de que las instituciones universitarias están siendo utilizadas para el adiestramiento de guerrilleros no son nuevas ni deben llamar a engaños, pues desde 1984 se conoce el plan de las FARC de forjar a sus militantes en los centros de pensamiento y de controversia.
Ahora los videos demuestran que en la Universidad Distrital de Bogotá se les da una cordial bienvenida a los estudiantes de primer semestre, invitándolos a pertenecer a los movimientos bolivarianos que en su momento ideó y organizó el hoy número uno de las FARC Alfonso Cano.
Muchos de quienes estudiamos en instituciones públicas sabemos que esa denuncia no es novedosa. En mis tiempos, en la década de los 80, la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, con sede en Tunja, era un centro de reclutamiento de militantes del M-19, las FARC y el ELN.
No sé si ahora lo sea. Pero fui testigo presencial de lo que la guerrilla hizo en esa universidad e incluso algunos de los que en esa época eran militantes o simpatizantes terminaron metidos en la docencia y creo que son hoy respetables profesores.
La Pedagógica de Tunja tenía fuerte vínculos con la Pedagógica de Bogotá y con la Universidad Nacional, pero eso no me autoriza a decir con absoluta certeza lo que hoy digo y afirmo de la universidad de Tunja.
Sin embargo, sospecho que no ha pasado nada diferente, pues es obvio que las manifestaciones que suelen paralizar la calle 72 en Bogotá no son hechas por angelitos desinteresados y preocupados por la situación del país.
Son hechas por unos pocos, por unos cuantos estudiantes ubicados en facultades clave, desde las cuales pueden propagar su ideología y detectar a desubicados y despistados dispuestos a prestarse para poner una bomba en un Transmilenio, como lo hizo una jovencita en episodios relativamente recientes y causaron una muerte y dos amputaciones.
No hay que olvidar que la rebeldía es patrimonio de la juventud. Y así debe ser. Los jóvenes nos deben dar ejemplo de protesta y de propuesta, de controversia de las ideas, de animosidad.
Pero de allí a pasar a la toma de las armas, a la elaboración de bombas como las que le quitaron la vida, en la Universidad Nacional, al policía Mauricio Soto (uno de esos robocops que se enfrentan con los manifestantes) y de quien ya nadie se acuerda. ¿Alguien recuerda que el policía Mauricio Soto murió como consecuencia de una papa-bomba que le cayó en la cabeza y lo derribó fulminantemente?
Nadie. Nadie recuerda a esos héroes anónimos que mueren enfrentando a delincuentes supuestamente idealistas, supuestamente bolivarianos.
Ahora bien: el problema no se circunscribe a las universidades públicas. Cuidado, las autoridades tienen un dossier muy bien documentado sobre presencia de guerrilla en universidades privadas.
Y no necesariamente estudiantes. También hay profesores, algunos de ellos muy conocidos, estudiados en París y todo eso, pero que repiten con exactitud el discurso de las FARC, el viejo discurso de la lucha de clases y la combinación de todas las formas de lucha.
No hay que ser hipócritas. En muchas universidades se forjan los milicianos de las FARC, un puñado por cada institución, pero capaces de causar un daño monumental. No hay que tenerle miedo a ese debate.
martes, 9 de septiembre de 2008
Suscribirse a:
Entradas (Atom)