A pesar de los éxitos contundentes del Ejército contra las FARC me parece prematuro empezar a hablar de lo que debe hacer Colombia cuando la guerrilla se haya acabado. Las voces en ese sentido son demasiado optimistas y triunfalistas y, en consecuencia, peligrosas.
Optimistas, porque creer que haberles arrebatado a las FARC a 15 secuestrados y haber eliminado a Raúl Reyes y al Negro Acasio es suficiente para pensar que las FARC están acabadas. Todavía tienen a Cano, más peligroso que Marulanda, al Mono Jojoy, a Timochenko, a Joaquín Gómez, a Romaña, quienes no necesitan ninguna presentación a propósito de lo que son capaces de hacer para retomar su ofensiva contra el estado.
Triunfalistas porque pueden hacer perder la atención de muchos hechos que giran alrededor de la confrontación con la guerrilla. Las FARC están aliadas con el ELN y entre los dos siguen secuestrando y asesinando, aunque ya no tienen cómo tomarse poblaciones ni atacar bases militares, lo que sí hicieron hace 10 años. Aún hay 8 mil guerrilleros en armas pero lo grave es que no se sabe cuántos milicianos, es decir, guerrilleros sin armas, siguen por ahí en universidades, empresas, entidades del estado y hasta medios de comunicación. Creer que la Operación Jaque cambia todo de una vez es una necedad y las FARC se pueden aprovechar de esa creencia.
Y esas voces que claman por el post-conflicto también son peligrosas porque pueden hacer creer en el espejismo de la derrota militar de las FARC en el corto plazo, algo que seguramente no ocurrirá antes de cinco años y será parte de un camino lleno de sangre y dolor para los colombianos.
Curiosamente quien más sensatez ha demostrado en este momento histórico de la confrontación con las FARC ha sido el presidente Uribe. En una charla privada con directores y editores de medios de comunicación, el mandatario comentó una anécdota que lo pinta de cabo a rabo. Dijo que al día siguiente de la Operación Jaque se reunió con integrantes de los organismos de inteligencia que la realizaron. Los felicitó, les dio palmaditas en el hombro, les agradeció lo que habían hecho por la patria. Y en medio de las sonrisas y del jolgorio, les recordó: “No olviden que todavía quedan más de 25 secuestrados políticos en poder de las FARC. ¿Cuándo los traeremo?”
Tranquilidad y prudencia, pues el triunfalismo, en cualquier actividad de la vida, es el peor enemigo. Mucho más en la guerra.
martes, 15 de julio de 2008
jueves, 3 de julio de 2008
La buena tónica de Ingrid
Nos sorprendió a todos, hay que decirlo: la actitud de Ingrid a su regreso a la libertad es el de una mujer prudente, si se quiere humilde, golpeada por el dolor, pero agradecida por la realidad de los acontecimientos. Ingrid, mujer y madre, humillada y sometida, ha dado muestras, en sus primeras declaraciones, de una enorme entereza, de una gran dignidad jamás perdida por la crueldad del cautiverio.
Una buena seña de que la selva no le hizo un daño irreparable ha sido la claridad mental con la que se ha expresado, lo que demuestra que la tristeza no menguó su inteligencia, que las cadenas no derrumbaron su brillantez. Ingrid hizo un PH. D en las FARC, como ella misma lo reconoció, y eso la convierte en una personalidad imprescindible para el camino que el país todavía tiene que recorrer.
Mujer, inteligente, sensible, preparada, digna. Una combinación de virtudes y de ventajas que la convierten desde este momento en una figura pública que tiene mucho que decir a partir de su dolor. Estoy seguro de que lo que Ingrid aprendió del país en su cautiverio, con el contacto permanente con los soldados y policías secuestrados, con los propios guerrilleros, le han dado una mejor estructura sobre lo que realmente acontece en Colombia, sobre lo que sucede de verdad con el fenómeno de la violencia en nuestra nación.
Ingrid agradeció a las fuerzas militares, al Ejército, al presidente Uribe, a los ciudadanos, al país entero. Lo hizo sinceramente, convencida hasta las lágrimas, de que una solución distinta hubiera prolongado inútilmente su cautiverio. El Ejército se jugó una carta durísima y ganó con esa. No va a ser fácil que la vuelva a usar. Diría que va a ser imposible. Pero ya pasó lo que pasó.
La ex candidata presidencial regresó a la libertad sin la vehemencia de otros tiempos pero más sabia si se quiere. Convencida aún más de que todas las críticas, todas las transformaciones, deben darse por la vía de la democracia. Es decir, no hay ningún proceso, ninguna lucha social, que pueda justificar el uso de la violencia.
Muchos se preguntan a esta hora qué más ha querido decir cuando afirma que le gusta la reelección, que cree en los gobiernos largos. Que piensa que la reelección de Uribe es lo peor que les ha podido pasar a las FARC, que hoy hay un mejor país que ayer. Esto ha sorprendido a quienes especulaban que cuando Ingrid saliera, cuando regresara, iba a encabezar un gran movimiento anti-uribista que sería capaz de convocar a la comunidad internacional para arrinconar al gobierno colombiano.
En este punto la pregunta es: ¿Estaría diciendo lo mismo si no hubiera habido rescate sino negociación, por ejemplo, a través de los presidentes Chávez y Correa? No lo sé. Nunca se sabrá. Por lo pronto, las FARC, con Ingrid en libertad, viva, y además rescatada, han recibido uno de los más duros golpes políticos de su historia.
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